Ada Trzeciakowska

1977 – , Polonia

2º Carta. Correspondencia audiovisual con “El cine que llevamos dentro” (transcripción)

No! ¡Deja eso! ¡Te he dicho que no lo toques!
Este no es un lugar para dar paseos de placer.
La Zona quiere ser respetada. Si no, te castigará.
Stalker
Andriej Tarkovski

Queridos Carlos:

hace pocas semanas, casi sin pensarlo, le dije sí a Vicente para presentar con él la película Stalker en la Filmoteca de Murcia. Naturalmente volví a ver Stalker, de nuevo dejé que me penetraran sus nieblas, sepias, corrientes, su turbia belleza.
Es eso, Carlos y Carlos. Aquel grito de dolor con el que arranca mi carta lo contiene todo. Y de alguna forma podría ser respuesta a la vuestra. El árbol de Sacrificio, la lluvia de Nostalghia (Tarkovski) llegan a ser todos los árboles y todas las lluvias del mundo, su esencia, más árbol y más lluvia de la lluvia cotidiana. Aislados, condensados, sublimados no tanto simbolizan como realmente son árbol y lluvia, cordón umbilical desplegado entre el cielo y la tierra, el espacio celeste y el terrestre, entre lo humano y lo eterno, lo limitado y lo infinito.
Alexánder Dovzhenko, el gran paisajista cinematográfico soviético, creía que los postes eléctricos eran ‘’árboles editados”, árboles transformados por el hombre. Para él estos nuevos árboles no se diferenciaban demasiado de la tradición que otorgaba a tal presencia vertical el valor intermediador con una realidad trascendente: en ese caso, el anhelo de la utopía comunista.
Sin embargo, qué brecha de nivel ontológico se abre entre la imagen de una arboleda y la de una carretera. Una fila de árboles parece guiarnos, sus susurrantes manos-copas señalan el camino hacia la serenidad, hacia esa felicidad amarga que trae recorrer aquel camino con los poros bien abiertos. Y, por otro lado, la carretera, el camino asfaltado, con los postes perplejos, rígidos, mudos que no señalan sino enseñan sus muñones y mediante kilómetros de cables fluye la angustia. El abrazo vegetal lo hemos sustituido por una herida, víctimas de nuestra propia violencia.
Stalker Tarkovski, stalker Tolstói, stalker Sebastião Salgado lo comprenden. Tolstói al regresar a Iasnaia Poliana, la finca familiar en la que había pasado su infancia, se involucró en la definición y transformación del paisaje a través de masivas plantaciones de árboles. Salgado, después de haber inmortalizado en sus fotografías los infiernos, enfermo de tristeza se curó con el paisaje al hacer brotar árboles, manantiales y animales en el secarral en Minas Gerais, convirtiendo la finca que heredó de sus padres en su cielo en la tierra. De allí que el espacio que abre el árbol haya llegado a ser la Zona, un terreno ambivalente de confrontación y recogimiento que agita un profundo deseo de fusión o de disolución en ella. Ofrece consuelo y redención, alivia la culpa.

¿Qué tienes ahí? ¡Aquí no quiero pistolas!
Te vas a matar, ¡y a nosotros también!
¿No recuerdas los tanques? Tírala, te lo suplico.
¿No lo comprendes? Si pasara algo, yo podría salvarte, pero no de esta manera…
¡Te lo suplico!

¿A quién vas a disparar?

Un abrazo, Carlos y Carlos

Proszę to zostawić! Nie wolno! Nie ruszać! Nie ruszać, powiedziałem!
To nie miejsce na przechadzki.
W Strefie trzeba z szacunkiem. Inaczej pokarze.
Stalker

Andriej Tarkovski

Drodzy Carlos i Carlos,

ledwie kilka tygodni temu, bez namysłu prawie, zgodziłam się na propozycję Vicenta odnośnie wspólnej prezentacji filmu Stalker A. Tarkowskiego w Filmotece w Murcji. Naturalnie wróciłam do Stalkera, raz jeszcze nasiąkłam jego mgłami, sepiami, strumieniami, tym mętnym pięknem.
I myślę, że właśnie tu odnajdziemy klucz. W okrzyku bólu, który rozpoczął się list zawiera się wszystko. I zapewne stanowi odpowiedź na wasz ostatni list. Drzewo z Ofiarowania, deszcz z Nostalgii, stają się wszystkimi drzewami i wszystkimi deszczami świata, ich esencją, bardziej drzewem i bardziej deszczem niż codzienny deszcz. Wyizolowane, skondensowane, wysublimowane nie tyle symbolizują, ile naprawdę są drzewem i deszczem, pępowiną rozciągającą się między niebem i ziemią, przestrzenią niebieską i ziemską, między tym co ludzkie i wiecznością, tym co ograniczone i nieskończonością.
Aleksander Dowżenko, wybitny kinowy pejzażysta radziecki, uważał, że słupy elektryczne są swego rodzaju „wyedytowanymi drzewami”, drzewami przeobrażonymi przez człowieka. Jego zdaniem te nowe drzewa nie odbiegały zbytnio od tradycji, która tejże pionowej obecności drzew przypisywała wymiar pośredniczący w kontakcie z rzeczywistością transcendentalną: w tym przypadku, dążeniu do komunistycznej utopii.
Mimo to, jak ogromna przepaść w statusie ontologicznym dzieli obraz alei porośniętej drzewami i szosy pofragmentowanej słupami. Rząd drzew wydaje się nas prowadzić, jego szumiące dłonie-korony wskazują drogę ku łagodności, ku gorzkawemu szczęściu, które przynosi przemierzanie tej drogi z rozchylonymi łuskami skóry. Z drugiej strony, szosa, asfaltowa jezdnia, poczłonkowana bezradnymi słupami, surowymi, niemymi, które zamiast wskazywać pokazują nam swoje kikuty podczas gdy kilometrami kabli sączy się niepokój. Roślinne objęcia zastąpiła rana, a my staliśmy się ofiarami naszej własnej gwałtowności.
Stalker Tarkowski, stalker Tołstoj, stalker Sebastião Salgado już dawno to zrozumieli. Tołstoj powróciwszy do Jasnej Polany, rodzinnej posiadłości, w której spędził dzieciństwo, zaangażował się nadanie kształtu i transformację pejzażu poprzez masowe sadzenie drzew. Salgado, po tym jak uwiecznił na kliszy wszystkie rodzaje ludzkiego piekła, chory ze smutku, znalazł lekarstwo pośród przyrody, zalesiając wyschnięte wzgórza Minas Gerais, napełniając je szumem drzew, strumieni i szeptem zwierząt, przekształcając suche tereny odziedziczone po rodzicach w niebo na ziemi. Stąd przestrzeń, którą otwiera drzewo może stać się Strefą, pełnym ambiwalencji terenem konfrontacji i schronienia, wzbudzającym głębokie pragnienie zjednoczenia czy też stopienia się z nim. Oferuje nam pociechę i możliwość odkupienia, przynosi ulgę.

Co pan tam ma? Tu nie wolno z bronią!
Zgubi pan siebie, i nas też! Pamięta pan czołgi?
Proszę, niech pan to wyrzuci.
Nie rozumie pan? Jeśli coś się stanie, mogę panu pomóc, ale nie tak… Błagam!

Do kogo pan będzie strzelał?

Ściskam Was mocno

Autor: Ada Trzeciakowska

Ada Trzeciakowska (Polonia, 1977). Hispanista, traductora y creadora audiovisual. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Breslavia; Máster en Investigación avanzada en literatura española e hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, donde prepara su tesis doctoral dedicada al ensayo fílmico, género que practica como artista. En sus montajes pretende colisionar las capas visuales y textuales para hacer que surjan los significados latentes, con el método al que recurre el ensayo audiovisual. Trabaja con poemas y prosa poética. En paralelo, es autora del blog de traducciones de poesía adalirica.wordpress.com. Colabora con el portal literario mexicano Ablucionistas.com, con filmotecas, escribe reseñas, participa y conduce encuentros literarios.

3 comentarios en “Ada Trzeciakowska”

  1. ¡¡Menudo paisaje de melancolía y selección de emociones ingratas que devienen insignes!!

    Se adivina un periplo previo de nostalgia serena… por contenida en tu cuenco de alma, destapado al aire de estos solemnes escritos que hoy haces públicos para el asombro del forastero aturdido; el mismo que se detiene y se abruma, al escuchar esa ternura de voz… y ese acento foráneo exquisito… al servicio de un texto sublime; aun cuando no del todo explícito y claro para lectores no familiarizados con el antes y el después de esta embriagante crónica de una herida.

    Quisiera saber más sobre todo lo que aquí expones y clamas, al socaire de esos lienzos volubles que acompañan tu relato.

    Seguiré tus anuncios atento a lograr descifrar estos jeroglíficos crípticos hasta avistar el desenlace que prometen y celebrar contigo sus glorias, en el tuyo… o en cualquier otro país de inviernos, al amparo de tu talento y tus impávidos ‘cuentos de Adas’.

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    1. Muchas gracias, Al. Un poco exagerada tu valoración 🙂 Sin duda es este tipo de cine que más me interesa desarrollar los meses que vienen, me da una libertad a la hora de montar y escribir que es indispensable. Me ha hecho ilusión de que lo hayas disfrutado. Gracias de todo corazón. (Stalker en la película de Tarkovsky adquiere el significado del guía espiritual, quizá eso no lo dejo claro)

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      1. Trataré de sondear más a fondo en ‘La Zona’ (de reflexión) más recóndita del film. Las dudas que me resten las indagaré en estas mismas ágoras tuyas.

        Porque, tal cual se refiere en las más variadas y variopintas fuentes de Oriente, todo el mundo necesita un guru.

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