Michelangelo Antonioni

1912-2007, Italia

*Fragmento del guion, escrito con Tonino Guerra, de la primera película en color de Antonioni. Tonino Guerra colaboraba también con Fellini y en sus poemas solía hacer referencias culturas al cine, como en este poema en el que evoca las imágenes del Color de la granada de S. Parajanov.

El desierto rojo

GIULIANA Conocí a una muchacha.
CORRADO ¿Dónde?
GIULIANA Allí.
CORRADO ¿Quieres decir en la clínica?
GIULIANA Sí. Estaba muy mal.
Corrado espera que continúe; en cambio, Giuliana se interrumpe. Se levanta y da unos pasos.
GIULIANA Es que… quería tenerlo todo.
CORRADO ¿Todo de qué?
GIULIANA El doctor le decía: «Usted tendría que aprender a querer. Querer a alguien o bien algo: a su marido, a su hijo, un trabajo o hasta a un perro… Pero no marido, hijo, trabajo, perros, árboles, río…»
Su voz se ha alterado repentinamente.
CORRADO ¿Pero qué se notaba?
Giuliana se aprieta las manos nerviosamente.
GIULIANA Le fallaba el suelo. La impresión resbalar por una pendiente inclinada… de que te hundes, te hundes…, de estar siempre a punto de ahogarte… y de que no tienes nada…
Hace un gesto como diciendo: nada a qué abrazarse.
CORRADO ¿Ni siquiera a su marido?
GIULIANA Ni siquiera a su marido.
Aprisa, como corrigiéndose:
GIULIANA Y, además, no estaba…, estaba fuera.
CORRADO ¿Ni su hijo?
GIULIANA Eso sí… Pero aquella muchacha no tenía hijos.
Se mueve de nuevo, va a sentarse en una silla
GIULIANA Cuando salió de la clínica había llegado al punto de preguntarse: ¿pero yo quién soy? Tuve que explicárselo yo…


GIULIANA Si tuviese que irme yo, me llevaría todo, todo lo que veo, lo que tengo a mano todos los días; hasta los ceniceros.
CORRADO Pero para eso da igual quedarse uno donde estaba; si vas a acabar echando de menos todo, la calle donde vives, tu ciudad…
GIULIANA A veces se lee en los anuncios de los periódicos: “Por ausencia se vende…”, como si fuera una razón para abandonar todo lo que se tiene, ni siquiera una parte.
Se mueve, casi de repente reanimada.
GIULIANA ¿Por qué? No tiene porqué ser así. ¿Cómo se sabe qué es lo que va a servir?… Y luego, las cosas que dejas, la gente, ¿las encontrarás de nuevo a tu vuelta?… Y si las encuentras, ¿serán iguales?
CORRADO Puede ser que yo no vuelva más.
GIULIANA Si yo tuviese que irme para no volver más, te llevaría a ti también.
Corrado se pone serio, impresionado por la frase de Giuliana.
GIULIANA Sí, porque ahora formas parte de mí. Es decir, de lo que me rodea.
Una pausa. Cerrado se le acerca mirándola con ternura. Giuliana deja al descubierto por unos momentos su intimidad. Dice lentamente:
GIULIANA Si Ugo me hubiese mirado alguna vez como me miras tú estos días, habría comprendido muchas cosas.


GIULIANA Tú no me quieres, ¿verdad?
Corrado, cogido de improviso, duda.
CORRADO ¿Por qué me lo preguntas?
Giuliana se ha separado de él, hablando como para sí.
GIULIANA No sé ni yo misma por qué… Nunca estoy satisfecha… ¿Por qué tengo que tener siempre necesidad de los demás? Debo ser imbécil: por eso no sé arreglármelas.
Corrado da unos pasos hacia ella, pero Giuliana retrocede.
GIULIANA ¿Sabes que querría? Todas las perso¬nas que me han querido…, tenerlas a todas aquí, alrededor mío, como una valla.


GIULIANA A veces me entran ganas de agredir a alguien.
Corrado trata de bromear.
CORRADO ¿Y te parece un síntoma alarmante? Porque a mí también, a veces…
GIULIANA Ayúdame, ayúdame, te lo ruego. Yo… tengo miedo de no poder. ¡Tengo miedo!
Está presa de una angustia que tiene que ser insoportable, a juzgar por los movimientos que hace con todo su cuerpo, por la misma voz, rota, jadeante. Está fuera de sí. Corrado la coge por los brazos.
CORRADO No te pongas así. Cálmate. ¿Por qué tienes miedo? ¿De qué?
Giuliana trata de dominar la voz, pero grita cada vez más fuerte:
GIULIANA De las calles…, de las fábricas…, de colores…, de la gente…, de todo…


GIULIANA Hay algo terrible en la realidad, y yo no sé qué es. Y nadie me lo dice.
Se vuelve a mirarle; da unos pasos hacia él.
GIULIANA Tampoco me has ayudado tú, Corrado.
Dice esta frase con dulzura, pero para él es como una acusación. Continúa mirándola por unos instantes; luego coge el abrigo y sale.

Fotogramas de El desierto rojo

Tonino Guerra

1920-2012, Italia

Canto noveno

A Gabriel García Márquez

Habrá llovido unos cien días y el agua se metió
tras las raíces de la hierba
y llegó a la biblioteca y mojó las palabras santas
que estaban encerradas en el convento.

Cuando salió el sol,
Sajat-Novà quien era el fraile más joven
subió con la escalera todos los libros a los techos
y los abrió al sol para que el aire caliente
secara el papel mojado.

Pasó un mes de buen tiempo
y el fraile estaba de rodillas en el patio
a la espera de que los libros dieran una señal de vida.
Y por fin una mañana las páginas empezaron
a crujir ligeras en la brisa del viento,
parecía que habían llegado las abejas a los techos
y él se puso a llorar por que los libros hablaban.

La miel, 1981

Fragmento de El color de la granada de S. Parajanov inspirada en la vida del poeta armenio Sayat-Nova

Tłum. Jolanta Dygul

Pieśń dziewiąta

Padało ze sto dni, woda podmyła
korzenie traw,
wdarła się do biblioteki i zalała święte słowa,
które w zamknięciu trzymano w klasztorze.

Kiedy wypogodziło się,
Sajat-Novà, najmłodszy mnich,
po drabinie wniósł wszystkie księgi na dach,
wystawiając je na słońce, aby ciepłe powietrze
osuszyło mokre kartki.

Od miesiąca było już ładnie,
a mnich na kolanach w podwórzu
czekał, aż księgi dadzą znak życia.
Nareszcie pewnego poranka kartki
lekko zaszeleściły na wietrze,
jak rój pszczół kołujący nad dachem,
a on rozpłakał się, bo księgi przemówiły.