María Ángeles Pérez López

¡Felicidades a María Ángeles en el día de su cumpleaños!

1967 – , España (Valladolid)

***

El bisturí inocula su dolor.
En el corte limpísimo florece
el polen que envenenan las avispas,
su aguijón turbulento y ofensivo.
La mesa del quirófano está lejos
de la luz y la tierra del jardín,
su amor desesperado por la vida
y el material mohoso del origen,
lejos de la pasión de los hierbajos
y la piedra porosa en la que sangra
la desgastada edad de las vocales
que escribieron verdad y compañía.

En la asepsia que exige el hospital,
el bisturí recorta el corazón
de la página blanca del poema,
la sábana que tapa el cuerpo enfermo.
No queda ni memoria ni alarido,
tan solo un hueco rojo en el lenguaje.
En la mano que empuña la salud
hay sin embargo un corte diminuto,
una línea de sangre y su alfabeto.

Fotografías de Laura Makabresku

Tłum. Ada Trzeciakowska

***

Skalpel zaraża swoim bólem.
W dziewiczym nacięciu rozkwita
pyłek zatruwany przez osy,
ich gniewne i zaczepne żądło.
stół operacyjny daleko
od światła i ziemi ogrodu,
jego kurczowej żądzy życia
i pleśni materii początku,
daleko od uporu chwastów
i porów kamienia, gdzie krwawi
wyniszczony czas samogłosek,
zapisawszy prawdę i więzi.

Pośród szpitalnej aseptyki,
ostrze skalpela wycina kształt
serca na białej strony wiersza,
prześcieradle na chorym ciele.
Nie została pamięć ani krzyk,
tylko krwawa dziura w języku.
Na dłoni, która włada zdrowiem
jest jednak niewielkie nacięcie,
nikła strużka krwi, jej alfabet.

Gonzalo Rojas

1916-2011, Chile

RÉQUIEM DE LA MARIPOSA MUERTA

Sucio fue el día de la mariposa muerta.
                                                                    Acerquémonos
a besar la hermosura reventada y sagrada de sus pétalos
que iban volando libres, y esto es decirlo todo, cuando
sopló la Arruga, y nada
sino ese precipicio que de golpe,
y únicamente nada.

Guárdela el pavimento salobre si la puede
guardar, entre el aceite y el aullido
de la rueda mortal.
                                   O esto es un juego
que se parece a otro cuando nos echan tierra.
Porque también la Arruga…

O no la guarde nadie. O no nos guarde
larva, y salgamos dónde por último del miedo:
a ver qué pasa, hermosa.
                                             Tú que aún duermes ahí
en el lujo de tanta belleza, dinos cómo
o, por lo menos, cuándo.

De Réquiem de la mariposa (2001)

Collage propio

Tłum. Ada Trzeciakowska

Requiem dla martwego motyla

Brudny był dzień martwego motyla.
                                                                 Podejdźmy
by ucałować stłamszone i święte piękno jego płatków,
które unosiły się wolne, a to tyle co powiedzieć wszystko, kiedy
zdmuchnęła go Zmarszczka, i nic
ponad tą przepaścią, która nagle,
i wyłącznie nic.

Oszczędź jej słonawego chodnika, jeśli możesz
ocal go od oleju i skowytu
śmiertelnego koła.
                                  Czy to jest zabawa
przypominająca inną, gdy chowają nas.
Bo i Zmarszczka…

Albo niech go nikt nie ocala. Albo zachowaj dla nas
larwę, i otrząśnijmy się jak? w końcu ze strachu:
zobaczmy, co się stanie, piękności.
                                                              Ty, który wciąż śpisz tam
w luksusie nieopisanego piękna, powiedz nam jak?
lub, przynajmniej, kiedy?

Adam Zagajewski

1945 – 2021 , Polonia

Trad. Ada Trzeciakowska

la derrota

Solo sabemos vivir de verdad en la derrota.
Las amistades se hacen más profundas,
el amor eleva la cabeza en alerta.
Incluso las cosas se vuelven puras.
Los vencejos bailan en el aire
instalados en el abismo.
Las hojas del álamo tiemblan,
sólo el viento está quieto.
Las oscuras siluetas de los enemigos destacan
sobre el fondo radiante de la esperanza.  El valor
el crece. Ellos, -hablamos de ellos-, nosotros, -de nosotros mismos-,
tú, -de mí-. El té amargo sabe
a profecías bíblicas. Ojalá
no nos sorprenda la victoria.

Ilustración a partir del fotograma de El estudiante de Praga (1926) de Henrik Galeen, con Conrad Veidt – estrella del cine de terror mudo alemán. Trabajó con Robert Wiene, F. W. Murnau, Victor Sjöström,  Michael Powell, George Cukor en papeles de Satanas, Ivan el Terrible, Rasputin, oficial nazi en Casablanca. La imagen de Veidt en la película The Man Who Laughs sirvió como inspiración para el irónico supervillano The Joker. La fama de Veidt durante los años de la guerra no se debió exclusivamente a su labor como actor. Donó parte de su sueldo y de su patrimonio para ayudar al esfuerzo bélico de los Aliados. Se distinguió desde sus comienzos por la defensa de los derechos de los homosexuales, las mujeres y los judíos y, tras el advenimiento del nazismo, por su beligerancia antinazi.

klęska

Naprawdę umiemy żyć dopiero w klęsce.
Przyjaźnie pogłębiają się,
miłość czujnie podnosi głowę.
Nawet rzeczy stają się czyste.
Jerzyki tańczą w powietrzu
zadomowione w otchłani.
Drżą liście topoli,
tylko wiatr jest nieruchomy.
Ciemne sylwetki wrogów odcinają się
od jasnego tła nadziei. Rośnie
męstwo. Oni, mówimy o nich, my, o sobie,
ty, o mnie. Gorzka herbata smakuje
jak biblijne przepowiednie. Oby
nie zaskoczyło nas zwycięstwo.

z Oda do wielkości (1982)

José Emilio Pacheco

1939-2013, México

El silencio

La silenciosa noche. Aquí en el bosque
no se escuchan rumores.
Los gusanos trabajan.
Los pájaros de presa hacen lo suyo.
Pero yo no oigo nada.
Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
tan escaso se ha vuelto en este mundo
que ya nadie se acuerda de cómo suena,
nadie quiere
estar consigo mismo un instante.
Mañana
dejaremos de nuevo la verdadera vida para mañana.
No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
extrañeza
de hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
Silencio en este bosque, en esta casa
a la mitad del bosque.
¿Se habrá acabado el mundo?

Fotografías de Jerry Uelsmann

Tłum. Krystyna Rodowska

Cisza

Noc bezszelestna. W lesie
nic nie słychać, żadnych odgłosów.
Robactwo pracuje.
Ptaki drapieżne pełnią swą powinność
z pewnością,
lecz ja nic nie słyszę.
Boję się tylko ciszy. Przedziwnej,
prawie niespotykanej na tym świecie,
gdzie nikt nie wie, jak dźwięczy jego własny głos,
nikt nie pragnie
zostać przez chwilę sam na sam ze sobą.
Jutro,
znów odłóżmy na jutro autentyczne życie.
Nie dręczy mnie fakt, że istnieję,
lecz niezwykłość
tego tutaj i teraz o tak niemej porze.
Cisza w tym domu,
pod bandażem lasu.
Czyżby nastał koniec świata?

Trad. Philippe Chéron

Le silence

La gruta de las palabras Silencieuse nuit. Ici dans le bois
je ne distingue pas la moindre rumeur, non, d’aucune sorte.
Les vers travaillent.
Les oiseaux de proie font leur besogne
(certainement).
Mais je n’entends rien.
Rien que le silence qui fait peur. Il est devenu
si rare, si rare en ce monde
que personne ne se rappelle à quoi il ressemble,
plus personne ne veut
se retrouver avec soi-même un seul instant.
Demain
nous remettrons de nouveau la vraie vie
à demain.
Non par dégoût d’être ni par ennui de se sentir vivant :
étonnement de se trouver ici et maintenant à cette heure aussi muette.
Silence dans ce bois, dans cette maison
au milieu du bois.
Serait-ce la fin du monde ?

Transl. Consuelo Méndez

The Silence

La gruta de las palabras A silent night. Here in the forest 
I don’t distinguish rumors, no, of any kind. 
Worms work. 
Birds of prey do their thing 
(probably). 
But I don’t hear a thing. 
Only a silence that scares. So rare, 
so rare, so scarce this world has become
that no one remembers how it sounds, 
nobody wants 
to be with himself an instant. 
Tomorrow
we will leave the real life 
for tomorrow. 
Don’t get disgusted or grieve to be alive: 
strangeness of being here and now in this hour so silent. 
Silence in this forest, in this house 
in the middle of the forest. 
Did the world end? 


Luis Rosales

1910-1992, España

UNA HUELLA DE VIOLETA EN LA NIEVE

Me contaba su sueño hasta agotarse
y sus palabras eran
como el paso del tren cuando te encuentras junto a la vía,
y sientes su atracción en todo el cuerpo al mismo tiempo,
y vibras empujado por el vacío
que tiene un fundamento de dulzura y terror.
Mientras me hablaba
ella vivía desde este fundamento
en donde el miedo de vivir se nos acerca tanto
que la carne se agrieta para arder,
que la carne se agrieta
como la llama tiene un vacío, en su centro, de sombra natural;
y ella se iba llenando de ese hueco,
de ese espejo de nieve simultánea
mientras seguía contándome su sueño como si no pudiera despertar,
como si hablara sola,
sintiéndose empujada únicamente
por ese miedo transitivo que aún empapaba sus palabras.
Y sin embargo algo ha nacido de esa conversación extenuante,
algo que siento ahora,
que seguiré sintiendo siempre
como escucho a esta niña de tierra improvisándose
que reúne su temblor para decirme
que no sabe vivir,
que no puede vivir
porque la carne se le queda cada día más pequeña;
tan pequeña que ha llegado a sentirse impedida,
y ya no podrá nunca llegar hasta su casa,
y ya sólo recuerda que vivía en un colegio,
y ya sólo recuerda que vivía dentro del dormitorio de un colegio,
donde todas las noches despertaba
viendo pasar un tren por el pasillo atónito,
viendo pasar todas las noches el mismo tren
por el mismo pasillo titilante de camas sucesivas,
de camas con guirnaldas de muchachas que duermen
sin salir del espejo,
sin ver pasar el tren
que a ella, todas las noches, va despertándola un poco más,
a fuerza de seguirlo,
a fuerza de seguirlo cuando pasa y se pierde en la sombra,
y la desclava de su cuerpo igual que se desclava con la humedad un cuadro en la pared,
y la deja tronchada en las vías
sobre las cuales pasa el tren donde ella misma va sonriendo en todas las ventanas.

Fotografías de René Groebli (1927-, Suiza)

Tłum. Ada Trzeciakowska

Ślad fiołka na śniegu

Opowiadała mi swój sen, aż do wyczerpania
a słowa jej były
jak przejeżdżający pociąg, gdy stoisz przy torach,
i czujesz w każdym kawałku ciała przyciąganie,
wibrując popychany przez pustkę
u źródeł której kryje się słodycz i groza.
Mówiąc do mnie  
czerpała z tego źródła
gdzie strach przed życiem podchodzi do nas tak blisko,
że ciało pęka i płonie,
że ciało pęka
jak płomień, pustka w jego sercu jest z naturalnego cienia;
i ona właśnie wypełniała się tą nicością,
tym równoczesnym lustrem śniegu
podczas gdy opowiadała mi swój sen, jakby nie mogła się obudzić,
jakby mówiła sama do siebie,
czując się popychana tylko
tym przejściowym strachem, którym wciąż nasiąkają jej słowa.
A jednak coś z tej męczącej rozmowy zrodziło się,
coś co czuję teraz,  
co będę czuł zawsze
gdy słucham tej dziewczyny z ziemi improwizującej się  
zespalającej swoje drganie by powiedzieć mi,
że nie potrafi żyć,
że nie może żyć
bo ciało jej z dnia na dzień staje się coraz mniejsze;
tak małe, że czuje się już niezdolna,
i nigdy już nie będzie w stanie dotrzeć do domu,
i pamięta już tylko, że kiedyś mieszkała w szkole,  
i pamięta już tylko, że mieszkała w szkolnej sypialni,
w której każdej nocy budziła się
osłupiała patrząc na przejeżdżający korytarzem pociąg,
patrząc każdej nocy na ten sam pociąg, przejeżdżający   
tym samym rozmigotanym korytarzem kolejnych łóżek,
łóżek z girlandami uśpionych dziewcząt,
nie wychodzących z lustra,
nie widzących przejeżdżającego pociągu
który, każdej nocy, wybudza ją trochę bardziej,
bo idzie za nim,
bo idzie za nim, gdy przejeżdża i znika w cieniu,
i odrywa ją od jej ciała, jak obraz na ścianie odrywa się z powodu wilgoci,
i zostawia ją odłamaną na torach
po których przejeżdża pociąg, w którym ona sama uśmiecha się ze wszystkich okien.  

Adam Zagajewski

1945 – , Polonia

Trad. Ada Trzeciakowska

El mar dormía

El mar dormía y solo fugazmente sobre su
espalda enamorada de la infinitud
aparecía una trenza punzante del remolino, del escalofrío
-Oh, pensábamos con ternura, de la misma forma
sueñan los perros con correr-.
                                                                   Hablábamos poco
y en voz baja, pisando con cautela
la arena mojada; los sueños de los animales
nos envuelven como el futuro.

Dibujos de Dawid Planeta (1,2) y Elicia Edijanto (3-5)

Morze spało

Morze spało i tylko czasem na jego
rozkochanych w nieskończoności plecach
pojawiał się ostry warkocz wiru, dreszczu
— o, myśleliśmy z czułością, tak samo
psy śnią o biegu.
                                                                   Rozmawialiśmy mało
i cicho, ostrożnie stawialiśmy kroki
w mokrym piasku; sen zwierząt
otacza nas jak przyszłość.

Domnica Drumea

1979 – , Rumanía

Trad. Ada Trzeciakowska

Hay mañanas
en las que me choca
la precariedad fisiológica de la vida
en su forma más brutal
entonces me gustaría abrir
tu pecho
y acurrucarme ahí,
dentro,
crecer en ti
como una solitaria lasciva y enamorada,
girar instintivamente alrededor de tu eje
un girasol
en celo
bajo la campana de hierro de la melancolía

Tłum. Joanna Kornaś-Warwas

Ty

Są ranki,
w które uderza mnie
fizjologiczna niepewność życia
w jej najbrutalniejszej formie
wtedy chciałabym otworzyć
twoją pierś
i skulić się tam,
w środku,
rosnąć w tobie
jak lubieżny i zakochany tasiemiec,
kręcić się bezwiednie wokół twojej osi
kwiat słonecznika
w rui
pod żeliwnym kloszem melancholii

Autor desconocido

Tu

Sunt dimineţi
în care mă izbeşte
precaritatea fiziologică a vieţii
în forma ei cea mai brutală
atunci aş vrea să-ţi deschid
pieptul
şi să mă ghemuiesc acolo,
înăuntru,
să cresc din tine
ca o tenie lascivă şi îndrăgostită,
să mă rotesc în neştire în jurul axei tale
o floare a soarelui
în rut
sub clopotul de fontă al melancoliei

Michael Krüger

1943 – , Alemania

Trad. Ada Trzeciakowska

Tubinga, en enero

a Georg Braungart

El cielo sin nieve,
en el aparejo de la vid
el día se asoma a la luz.
Delante de mí la madera del año pasado
cansada de la vida, trabaja.
El tiempo como muerto,
el habla como hinchada.
Os puede parecer raro,
sin embargo, incluso los cuervos tienen corazón.
Esta es, en pocas palabras,
la verdadera historia de mi vida.

Tłum. Andrzej Kopacki

Tybinga, w styczniu

dla Georga Braungarta

Bezśnieżne to niebo,
w takielunku winorośli
dzień wychodzi na światło.
Przede mną drwa z ubiegłego roku
znużone życiem, pracują.
Czas jakby zabity,
mowa jakby napuchła.
Może to dla was dziwne,
ale wrony też mają serce.
Taka jest, w paru słowach,
prawdziwa historia mojego życia.

William Kentridge “Drawings from Preparing the Flute” (Bird Catcher)

Tübingen, in January

for Georg Braungart

The sky snowless,
in the rigging of the vines
the day turns to light.
Dog-tired, last year’s wood
goes to work before me.
How wasted, the time,
how swollen, the language.
It may seem strange to you
But even crows have a heart
And that, in a few words,
is the true story of my life.

Tübingen, im Januar

für Georg Braungart

Schneelos der Himmel,
in der Takelage der Reben
kommt der Tag ans Licht.
Lebensmüd arbeitet vor mir
das Holz vom vergangenen Jahr.
Wie totgeschlagen die Zeit,
wie geschwollen die Sprache.
Es mag Ihnen seltsam Vorkommen,
aber auch Krähen haben ein Herz.
Das ist, in wenigen Worten,
die wahre Geschichte meines Lebens.

Clarice Lispector

1920 – 1977, Ucrania / Brasil

Trad. Elena Losada

La manzana en la oscuridad

Oh, Dios, qué cansado e inseguro estaba aquel hombre, aquel hombre no sabía muy bien qué era la esperanza. Aunque intentó racionalizarla, oh, claro que lo intentó. Pero en vez de pensar en lo que se había propuesto pensar, pensó como una mujer ocupada: «Explicar nunca ha llevado a nadie a ningún sitio, y entender es una futilidad», dijo como una mujer ocupada en dar de mamar a su hijo.
¡Pero no! ¡No!, él tenía que pensar, ¡no podía embarcarse así, sin más ni menos! Entonces, perdiendo pie, argumentó y se justificó: «No tener esperanza era la cosa más estúpida que podía sucederle a un hombre». Sería el fracaso vital de un hombre. Como no amar era pecado de frivolidad, no tener esperanza era una superficialidad. No amar era el error de la naturaleza. ¿Y la perversión que había en no tener esperanza?, bueno, eso lo entendió con el cuerpo. Además —¡en nombre de los otros!— es pecado no tener esperanza. No había derecho a no tenerla. No tener esperanza es un lujo. Oh, Martim sabía que su esperanza escandalizaría a los optimistas. Sabía que los optimistas lo fusilarían si lo oyesen. Porque la esperanza asusta. Hay que ser hombre para tener el valor de ser fulminado por la esperanza.
Y entonces Martim se asustó.
—¿Eres consciente, hijo mío, de lo que estás haciendo?
—Sí, padre.
—¿Eres consciente de que, con la esperanza, nunca más tendrás reposo, hijo mío?
—Sí, padre.
—¿Eres consciente de que, con la esperanza, perderás todas las otras armas, hijo mío?
—Sí, padre.
—¿Y que sin cinismo estarás desnudo?
—Sí, padre.
—¿Sabes que la esperanza es también aceptar no creer, hijo mío?
—Sí, padre.
—¿Eres consciente de que creer es tan pesado de soportar como la maldición de una madre?
—Sí, padre.
—¿Sabes que nuestros semejantes son una porquería?
—Lo sé, padre.
—¿Y sabes que tú también eres una porquería?
—Lo sé, padre.
—Pero ¿sabes que no me refiero a la bajeza que tanto nos atrae y que admiramos y deseamos, sino al hecho de que nuestros semejantes, además, son muy pesados?
—Lo sé, padre.
—¿Sabes que la esperanza consiste a veces solo en una pregunta sin respuesta?
—Lo sé, padre.
—¿Sabes que en el fondo todo eso no es más que amor, gran amor?
—Lo sé, padre.
—Pero ¿sabes que uno puede quedarse encallado en una palabra y perder años de vida? ¿Y que la esperanza se puede convertir en palabra, dogma y atasco y desvergüenza? ¿Estás preparado para saber que, vistas de cerca, las cosas no tienen forma, y que, vistas de lejos, las cosas no se ven? ¿Y que para cada cosa solo hay un momento? ¿Y que no es fácil vivir solo del recuerdo de un instante?
(…)
—Hijo mío. ¿Eres consciente de que de ahora en adelante, vayas a donde vayas, serás perseguido por la esperanza?
—Sí, padre.
—¿Estás dispuesto a aceptar el duro peso de la alegría?
—Sí, padre.
—Pero, ¡hijo mío!, ¿sabes que es casi imposible?
—Lo sé, padre.
—¿Sabes al menos que la esperanza es el gran absurdo, hijo mío?
—Lo sé, padre.
—¡¡¿Sabes que hay que ser adulto para tener esperanza?!!
—¡Lo sé, lo sé, lo sé!
—Entonces vete, hijo mío. Te ordeno que sufras la esperanza.
Pero ya con la primera nostalgia, la última como antes de nunca más, Martim gritó pidiendo amparo:
—¿Qué luz es esa, papá? —gritó solitario en la esperanza, andando a cuatro patas para hacer reír a su padre, haciendo una pregunta muy antigua y tonta con tal de que aplazase el momento de asumir el mundo—. ¿Qué luz es esa, papá? —preguntó como un bebé, con el corazón latiendo de soledad.
El padre vaciló, severo y triste en su tumba.
—Es la del fin del día —dijo solo por piedad.
Así era.
Era casi de noche, y la belleza pesaba en el pecho. Martim la disimuló como pudo, silbó vagamente sin sonido, mirando al techo.
Desde donde, lentamente y con cautela, bajó los ojos hacia los demás, y miró al prójimo, uno por uno. «¿Quiénes sois?» Eran caras con narices. ¿Debería invertir toda su pequeña fortuna en un gesto de confianza? Sin embargo era una vida que no se repite, la de él, la que les entregaría. «¿Quiénes sois?». Era difícil darles algo. Amar era un sacrificio. E incluso, e incluso, estaba la discontinuidad: apenas había empezado y ya estaba la discontinuidad. ¿Sería preciso aceptar también esto?, la discontinuidad con que los miró y… ¿quiénes eran esos hombres? «¿Quiénes sois? ¿Qué cosa turbia sois, como si yo absurdamente ya hubiese visto tiempos mejores y conocido otra raza de gente y no pudiese aceptaros sino solo amaros? ¿En verdad sois? ¿Y hasta qué punto? Y… y ¿podré amar esa cosa que sois?».
Él los miró, cansado, incrédulo. Los desconocía. Una persona es esporádica: él ya los desconocía. Humilde, quiso obligarse a aceptar también esto: desconocerlos.
Pero no lo soportó, él no lo soportó. «¡Cómo puedo continuar mintiendo! ¡Yo no creo!, ¡yo no creo!». Y mirando a los cuatro hombres y a la mujer, solo quiso plantas, las plantas, el silencio de las plantas. Pero con la atención ligeramente despierta, repitió lentamente: «no creo». Calmadamente deslumbrado: «no creo… Deslumbrado, sí. Porque, aleluya, aleluya, tengo otra vez hambre. Tanta hambre que necesito ser más de uno, necesito ser dos, ¿dos? ¡No! Tres, cinco, treinta, millones; uno es difícil de soportar, necesito millones de hombres y mujeres, y la tragedia del aleluya». «No creo»: la gran coherencia había renacido. Su extrema penuria lo llevó a un vértigo de éxtasis. «No creo», dijo con hambre, buscando en la cara de los hombres aquello que un hombre busca. «Tengo hambre», repitió desamparado. ¿Debería agradecer a Dios su hambre?, porque la necesidad lo sustentaba.
Mareado, sin saber a quién dirigirse, los examinó uno por uno. Y él… él simplemente no creía. «Eppur, si muove», dijo con una tozudez de burro.
—Vamos —dijo entonces acercándose inseguro a los cuatro hombres pequeños y confusos—. Vamos —dijo. Porque ellos tenían que saber lo que hacían. Ellos seguramente sabían lo que hacían. En nombre de Dios, os ordeno que estéis seguros. Porque toda una carga valiosa y podrida estaba en sus manos, una carga para tirar al mar, y muy pesada también, y la cosa no era simple: porque esa carga de culpa tenía que ser lanzada con misericordia también. Porque después de todo no somos tan culpables, somos más estúpidos que culpables. Con misericordia también, pues. En nombre de Dios, espero que sepan lo que están haciendo. Porque yo, hijo mío, yo solo tengo hambre. Y esa manera insegura de coger en la oscuridad una manzana, sin que se caiga.

Paul Cupido

Tłum. Ada Trzeciakowska

Jabłko w ciemności

O Boże, jak bardzo zmęczony i niepewny był ten człowiek, ten człowiek tak naprawdę nie wiedział, czym jest nadzieja. Chociaż próbował ją zracjonalizować, och, oczywiście, że próbował. Ale zamiast myśleć o tym, co zamierzał pomyśleć, myślał jak zapracowana kobieta: „Wyjaśnianie nigdy nikogo do niczego nie doprowadziło, a zrozumienie jest nieistotne”, powiedział niczym kobieta zajęta karmieniem piersią dziecka.
Ależ nie! Nie! Musiał pomyśleć, nie mógł tak wejść w to, ot tak, po prostu! Potem, gubiąc wątek, argumentował i usprawiedliwiał się: „Brak nadziei to najgłupsza rzecz, jaka mogła się przytrafić człowiekowi”. Byłaby to życiowa porażka. Tak jak niekochanie było grzechem frywolności, brak nadziei był czymś powierzchownym. Niekochanie było błędem natury. A perwersja kryjąca się w braku nadziei? Cóż, rozumiał to całym swoim ciałem. Poza tym – w imieniu innych! – grzechem jest brak nadziei. Nie ma prawa by jej nie mieć. Brak nadziei to luksus. Och, Martim wiedział, że jego nadzieja zszokuje optymistów. Wiedział, że optymiści rozstrzelaliby go, gdyby go tylko słyszeli. Ponieważ nadzieja przeraża. Trzeba być mężczyzną, aby mieć wystarczającą odwagę, by dać się ponieść nadziei.
I wtedy Martim się przeraził.
– Czy wiesz, mój synu, co robisz?
-Tak, ojcze.
– Czy zdajesz sobie sprawę, że mając nadzieję nigdy już nie zaznasz spokoju, synu?
-Tak, ojcze.
– Czy zdajesz sobie sprawę, że mając nadzieję wytrącasz sobie z ręki każdą inną broń, mój synu?
-Tak, ojcze.
– I że bez cynizmu zostaniesz nagi?
-Tak, ojcze.
– Czy wiesz, że nadzieja to także akceptacja niewiary, mój synu?
-Tak, ojcze.
– Czy zdajesz sobie sprawę, że wiara jest tak ciężka do zniesienia, jak przekleństwo matki?
-Tak, ojcze.
– Czy wiesz, że nam podobni to dranie?
– Wiem, ojcze.
– A czy wiesz, że też jesteś draniem?
– Wiem, ojcze.
– Ale czy wiesz, że nie mówię o nikczemności, która tak bardzo nas pociąga, którą podziwiamy i pożądamy, ale o tym, że nasi bliźni są również bardzo męczący?
– Wiem, ojcze.
– Czy wiesz, że nadzieja czasami polega tylko na pytaniu bez odpowiedzi?
– Wiem, ojcze.
– Czy wiesz, że w istocie to wszystko nie jest niczym innym niż miłością, ogromną miłością?
– Wiem, ojcze.
– Ale czy wiesz, że człowiek może utknąć w jednym słowie i stracić na nim pół życia? I nadzieja może przekształcić się w słowo, dogmat, przeszkodę i bezwstydność? Czy jesteś gotów by zaakceptować fakt, że rzeczy widziane z bliska nie posiadają kształtu, a widziane z daleka pozostają niewidoczne? I że na każdą rzecz przypada tylko jeden moment? I że nie jest łatwo żyć tylko wspomnieniem chwili?
(…)
– Mój synu. Czy zdajesz sobie sprawę, że od teraz, gdziekolwiek pójdziesz, nadzieja pójdzie za tobą?
-Tak, ojcze.
– Czy jesteś gotów przyjąć ogromny ciężar radości?
– Tak, ojcze.
– Ale synu! Czy wiesz, że to prawie niemożliwe?
– Wiem, ojcze.
– Ale wiesz przynajmniej, że nadzieja jest ogromnym absurdem, mój synu?
– Wiem, ojcze.
– Czy wiesz, że aby mieć nadzieję, musisz być dorosły?!
-Wiem, wiem, wiem!
– Więc odejdź, mój synu. Rozkazuję ci cierpieć nadzieję.
Ale już z pierwszym przypływem nostalgii, ostatniej jak nigdy wcześniej, Martim zakrzyknął błagając o wsparcie:
– Co to za światło, tato? – krzyczał osamotniony w nadziei, chodząc na czworakach, aby rozśmieszyć ojca, zadając bardzo stare i głupie pytanie, aby tylko odsunąć od siebie moment przyjęcia odpowiedzialności za siebie i świat. Co to za światło, tato? Zapytał jak dziecko, a jego serce waliło z osamotnienia.
Ojciec zawahał się, poważny i i smutny w swoim grobie.
– To koniec dnia – powiedział z litości.
Tak było.
Była już prawie noc i piękno zalegało mu ciężarem na piersi. Martim ukrywał to najlepiej jak potrafił, zagwizdał lekko bezdźwięcznie, wpatrując się w sufit.
Skąd, powoli i ostrożnie, spuścił oczy na innych i po kolei spoglądał na bliskich. “Kim jesteście?” Były to twarze z nosami. Czy powinienem złożyć całą moją małą fortunę w geście zaufania? Mimo wszystko to życie, które się już nie powtórzy, jego życie, było tym co musiałby im oddać. “Kim jesteście?”. Trudno było im coś dać. Miłość była poświęceniem. A nawet wtedy, nawet wtedy, istniał pewien brak ciągłości: ledwie się zaczęło, a już ten brak ciągłości… Czy należałoby to też zaakceptować? Brak ciągłości, z jakim patrzył na nich i… kim byli ci ludzie? “Kim jesteście? Jaką to mroczną i mętną rzeczą jesteście, jakbym ja absurdalnie widział już wcześniej lepsze czasy i spotkał inną rasę ludzi i nie mógł was zaakceptować, lecz tylko was pokochać? Istniejecie naprawdę? W jakim stopniu? I … i czy będę mógł pokochać to, czym jesteście?».
Spojrzał na nich zmęczony, z niedowierzaniem. Nie znał ich. Człowiek bywa sporadyczny: on już ich nie znał. Pokorny, chciał zmusić się do zaakceptowania również faktu, że ich nie zna.
Ale nie mógł tego znieść, nie mógł tego znieść. Jak mogę w dalszym ciągu kłamać! Nie wierzę! Nie wierzę!». I patrząc na czterech mężczyzn i kobietę, pragnął tylko roślin, rośliny ciszy roślin. Ale z szacunku powtórzył powoli: „Nie wierzę”. Ze spokojem oszołomiony: «Nie wierzę… Tak, oszołomiony. Ponieważ alleluja, alleluja, znowu jestem głodny. Tak głodny, że muszę być więcej niż jeden, muszę być dwojgiem, dwojgiem? Nie! Trojgiem, pięciorgiem, trzydzieściorgiem, milionami; z jednym trudno wytrzymać, potrzebuję milionów mężczyzn i kobiet oraz tragedii alleluja. „Nie wierzę”: odrodziła się olbrzymia spójność. Jego ekstremalna niedola doprowadziła go do zawrotów głowy w ekstazie. – Nie wierzę – powiedział łakomie, szukając w twarzach ludzi tego, czego szuka człowiek. – Jestem głodny – powtórzył bezradnie. Czy powinien dziękować Bogu za swój głód, ponieważ to on podtrzymywał go przy życiu.
Czując zawroty głowy, nie wiedząc, do kogo się zwrócić, badał ich jednego po drugim. A on… on po prostu nie wierzył. – „Eppur, si muove” – powiedział z uporem osła.
– Chodźmy- powiedział wówczas, podchodząc niepewnie do czterech zdezorientowanych małych ludzi. -Chodźmy – powiedział. Oni musieli wiedzieć, co czynią. Z pewnością wiedzieli, co robią. W imię Boga nakazuję wam być tego pewnymi. Ponieważ to w jego rękach spoczywał cały ten cenny i zgniły ciężar, ciężar do zrzucenia do morza, do tego bardzo przykry, a sprawa nie była prosta: ponieważ ten ciężar winy powinien zostać zrzucony z miłosierdziem. Bo przecież nie jesteśmy aż tak winni, jesteśmy bardziej głupi niż winni. A więc i z miłosierdziem. W imię Boga, mam nadzieję, że wiedzą, co czynią. Ponieważ ja, synu mój, ja jestem po prostu głodny. I to jest właśnie ta wątpliwa metoda zrywania jabłka w ciemności: tak by ono nie spadło.


Fotograma de Meshes of the afternoon de Maya Deren : Eleanora Derenkowsky (Kiev, 1917 – Nueva York, 1961) directora de cine, bailarina, coreógrafa, poeta y escritora ucraniana nacionalizada estadounidense.

A Maçã no Escuro

Oh Deus, como aquele homem estava cansado e incerto, aquele homem não sabia muito bem o que era esperança. Bem que ele tentou
raciocinar a esperança, oh bem que ele tentou. Mas, em vez de pensar no que se propôs pensar, pensou como uma mulher ocupada: “explicar nunca levou ninguém a nenhum lugar, e entender é uma futilidade”, disse ele como uma mulher ocupada em dar de mamar ao filho.
Mas não! mas não! ele tinha que pensar, ele simplesmente não podia embarcar assim, sem mais nem menos! Então, perdendo o pé, ele se argumentou e se justificou: “Não ter esperança era a coisa mais estúpida que podia acontecer a um homem”. Seria o fracasso da vida num homem. Assim como não amar era pecado de frivolidade, não ter esperança era uma superficialidade. Não amar, era a natureza errando. E quanto à perversão que havia em não ter esperança? bem, isso ele entendeu com o corpo. Além do mais — em nome dos outros! — é pecado não ter esperança. Não se tinha direito de não ter. Não ter esperança é um luxo. Oh, Martim sabia que sua esperança escandalizaria os otimistas. Ele sabia que os otimistas o fuzilariam se o ouvissem. Porque a esperança é assustadora. Há que ser homem para ter a coragem de ser fulminado pela esperança.
E então Martim se assustou de fato.
— Você está consciente, meu filho, do que está fazendo?
— Estou sim, meu pai.
— Você está consciente de que, com a esperança, você nunca mais terá repouso, meu filho?
— Estou sim, meu pai.
— Você está consciente de que, com a esperança, você perderá todas as outras armas, meu filho?
— Estou sim, meu pai.
— E que sem o cinismo você estará nu?
— Estou sim, meu pai.
— Você sabe que esperança é também aceitar não acreditar, meu filho?
— Sei sim, meu pai.
— Você está consciente de que acreditar é tão pesado a carregar como uma maldição de mãe?
— Estou sim, meu pai.
— Você sabe que o nosso semelhante é uma porcaria?
— Sei sim, meu pai.
— E você sabe que você também é uma porcaria?
— Sei sim, meu pai.
— Mas você sabe que não me refiro à baixeza que tanto nos atrai e que admiramos e desejamos, mas sim ao fato de que o nosso semelhante, além do mais, é muito chato?
— Sei sim, meu pai.
— Você sabe que esperança consiste às vezes apenas numa pergunta sem resposta?
— Sei sim, meu pai.
— Você sabe que no fundo tudo isso não passa de amor? do grande amor?
— Sei sim, meu pai.
— Mas você sabe que a pessoa pode encalhar numa palavra e perder anos de vida? E que esperança pode se tornar palavra, dogma e encalhe e sem-vergonhice? Você está pronto para saber que olhadas de perto as coisas não têm forma, e que olhadas de longe as coisas não são vistas? e que para cada coisa só há um instante? e que não é  fácil viver apenas da lembrança de um instante?
— Esse instante…
(…)
— Meu filho. Você está consciente de que de agora em diante, para onde você vá, será perseguido pela esperança?
— Estou sim, meu pai.
— Você está disposto a aceitar o duro peso da alegria?
— Estou sim, meu pai.
— Mas, meu filho! você sabe que é quase impossível?
— Sei sim, meu pai.
— Você ao menos sabe que esperança é o grande absurdo, meu filho?
— Sei sim, meu pai.
— Você sabe que há que ser adulto para ter esperança!!!
— Sei, sei, sei!
— Então vai, meu filho. Ordeno-te que sofras a esperança. Mas já na primeira nostalgia, a última como antes de nunca mais, Martim gritou pelo amparo:
— Que luz é essa, papai? gritou já solitário na esperança, andando de quatro para fazer seu pai rir, fazendo uma perguntinha bem antiga e tola contanto que adiasse o momento de assumir o mundo. Que luz é essa, papaizinho! perguntou gaiato, com o coração batendo de solidão.
O pai hesitou severo e triste no seu túmulo.
— É a do fim do dia, disse apenas por piedade. E assim era.
Era quase noite, e a beleza pesava no peito. Martim disfarçou-a como pôde, assobiou vagamente sem som, olhando para o teto.
De onde, devagar e com cautela, desceu os olhos para os outros — e olhou o próximo, um a um. Quem sois? Eram caras com narizes. Deveria ele investir toda a sua pequena fortuna num gesto de confiança? No entanto era uma vida que não se repete, a dele, aquela que ele lhes entregaria. Quem sois? Era difícil lhes dar. Amar era um sacrifício. E mesmo, e mesmo, havia a descontinuidade: mal começara, e já havia a descontinuidade. Seria preciso aceitar também isto? a descontinuidade com que ele os olhou e — quem eram esses homens? quem sois? que coisa dúbia sois, como se eu absurdamente já tivesse visto tempos melhores e conhecido outra raça de gente e não pudesse vos aceitar, mas apenas vos amar? Em verdade, sois? e até que ponto? E — e poderei amar essa coisa que sois?
Ele os olhou, cansado, incrédulo. Ele os desconhecia. Uma pessoa era esporádica: ele já os desconhecia. Humilde, ainda quis se forçar a aceitar também isto: desconhecê-los.
Mas não suportou, ele não suportou. Como posso continuar a mentir!
Eu não creio! eu não creio! E olhando os quatro homens e mulher, ele só quis plantas, as plantas, o silêncio das plantas. Mas com a atenção ligeiramente desperta, ele repetiu devagar: não creio. Vagarosamente deslumbrado: não creio… Deslumbrado, sim. Porque, aleluia, aleluia, estou de novo com fome. Com tanta fome que preciso ser mais de um, preciso ser dois, dois? não! três, cinco, trinta, milhões; um é difícil de carregar, preciso de milhões de homens e mulheres, e da tragédia da aleluia. “Não creio”: a grande coerência renascera. Sua extrema penúria levou-o a uma vertigem de êxtase. Não creio, disse ele com fome, procurando na cara dos homens
aquilo que um homem procura. Estou com fome, repetiu desamparado.
Deveria agradecer a Deus a sua fome? pois a necessidade o sustentava.
Estonteado, sem saber a quem se dirigir, examinou-os um a um. E
ele — ele simplesmente não acreditava. Eppur, si muove,  disse com uma teimosia de burro.
— Vamos, disse então aproximando-se incerto dos quatro homens pequenos e confusos. Vamos, disse. Porque eles deviam saber o que faziam.
Eles certamente sabiam o que faziam. Em nome de Deus, eu vos ordeno que estejais certos. Porque toda uma carga preciosa e podre estava entregue nas mãos deles, uma carga a jogar no mar, e muito pesada também, e a coisa não era simples: porque essa carga de culpa devia ser jogada com misericórdia também. Porque afinal não somos tão culpados, somos mais estúpidos que culpados. Com misericórdia também, pois. Em nome de Deus, espero que vocês saibam o que estão fazendo. Porque eu, meu filho, eu só tenho fome. E esse modo instável de pegar no escuro uma maçã — sem que ela caia.

Michael Krüger

1943 – , Alemania

Trad. Ada Trzeciakowska

Piedra al borde del camino

Vale con levantar una piedra,
que lleva tiempo entre la hierba,
para dejar de confiar en la Gran Voz.
Cada insecto toma por verdad eso,  
en lo que quiere creer, y el ciempiés, cuando
huye hacia la oscuridad ¿acaso no lo empuja el miedo
que nos explica el mundo?
Solamente nosotros aún necesitamos palabras
para decir lo que no hace falta.
¡Mira cómo se encogen las hojas!
Ellas también participan en el Ahora
al que hemos de celebrar o no
en tan épico silencio bajo la piedra.
Y no te olvides de devolver la piedra,
con cuidado, para no matar a los animales muertos.

Tłum. Andrzej Kopacki

Kamień na skraju drogi

Wystarczy podnieść kamień,
który długo leżał w trawie,
i już się nie ufa Wielkiemu Głosowi.
Każdy robak uważa za prawdę to,
w co chce wierzyć, a stonoga, gdy
umyka w mrok — czy nie ze strachu,
który objaśnia nam świat?
Tylko my wciąż potrzebujemy słów,
żeby powiedzieć, czego mówić nie trzeba.
Patrz, jak kurczą się liście!
One też biorą udział w tym Teraz,
które trzeba uczcić albo i nie
w tak epickiej ciszy pod kamieniem.
I nie zapomnij odłożyć kamienia,
ostrożnie, by nie zabić martwych zwierząt.

Fotos propias.