Adam Zagajewski

1945 – , Polonia

Trad. Elżbieta Bortkiewicz

Antaño

Antaño sabíamos creer en cosas
invisibles, en sombras y sus sombras,
en la luz oscura y rosada como el párpado.
Ah, la mandíbula de la cámara de fotos
muerde las imágenes. De manera que ya sólo
sabemos creer en antaño, al igual que el pobre
antaño había creído en nosotros, nietos y biznietos,
soñando con escapar de la trampa que
en cada generación escenifican Danton
y Robespierre, Beria y otros discípulos
ambiciosos. Puesto que no hay asilo,
hay asilo. Porque también las cosas invisibles
existen y los sonidos
que nadie oye. No hay
consuelo y hay consuelo bajo
el codo del deseo, allí donde las perlas
crecerían si las lágrimas tuviesen memoria.
No obstante, el patinador no pierde el equilibrio
alejándose del precipicio. No obstante
el alba y el lechero se levantan por la mañana
y corren por la nieve dejando blancas huellas
que se llenan de agua. Un pajarillo bebe
de esa agua y canta, y una vez más
salva el desorden de las cosas, nos salva a ti y a mí
y al canto.

1 Serguéi Eisenstein y su teoría del montaje de atracciones. 2 Fotograma propio (Videopoema Toast) 3 Póster de Wiesław Wałkuski de la película Danton

“El montaje será precisamente una de las respuestas fundamentales a ese problema de construcción de la historicidad. Porque no está orientado sencillamente, el montaje escapa de las teleologías, hace visibles las supervivencias, los anacronismos, los encuentros de temporalidades contradictorias que afectan a cada objeto, cada acontecimiento, cada persona, cada gesto. Entonces, el historiador renuncia a contar ‘una historia’ pero, al hacerlo, consigue mostrar que la historia no es sin todas las complejidades del tiempo, todos los estratos de la arqueología, todos los punteados del destino.” El montaje, de esta manera, permite establecer una relación crítica entre las imágenes que ayuda a escapar de la cadena de los estereotipos, de los clichés de la mirada que impiden ver muchas cosas.

De la entrevista con Georges Didi Huberman.

Dawniej

Dawniej potrafiliśmy wierzyć w rzeczy
niewidzialne, w cienie i ich cienie,
w światło ciemne i różowe jak powieka.
Ach, szczęka aparatu fotograficznego
gryzie obrazy. Więc umiemy wierzyć już
tylko w dawniej, tak samo jak biedne
dawniej wierzyło w nas, wnuków i prawnuków.
marząc, że wyjdziemy z pułapki, którą
w każdym pokoleniu inscenizują Danton
i Robespierre, Beria i inni ambitni
uczniowie. Ponieważ nie ma schronienia,
jest schronienie. Bo także rzeczy
niewidzialne istnieją i dźwięki,
których nikt nie słyszy. Nie ma
pocieszenia i jest pocieszenie pod
łokciem pragnienia, tam gdzie rosłyby
perły, gdyby łzy obdarzone były pamięcią.
A jednak łyżwiarz nie traci równowagi,
odpychając się od przepaści. A jednak
i świt i mleczarz zrywają się rano
i biegną w śniegu, zostawiając białe ślady,
które wypełniają się wodą. Tę wodę pije
mały ptak i śpiewa i jeszcze raz
ocala nieporządek rzeczy i ciebie i mnie
i śpiew.