José Emilio Pacheco

1939-2013, México

contra la kodak

Cosa terrible es la fotografía.
Pensar que en esos objetos cuadrangulares
yace un instante de 1959.
Rostros que ya no son,
aire que ya no existe.
Porque el tiempo se venga
de quienes rompen el orden natural deteniéndolo,
las fotos se resquebrajan, amarillean.
No son la música del pasado:
son el estruendo
de las ruinas internas que se desploman.
No son el verso sino el crujido
 de nuestra irremediable cacofonía.

Fotografía de mi abuela Bogusia, 1945 (a la derecha)

Tłum. Ada Trzeciakowska

przciwko kodakowki

Fotografia to straszna rzecz.
I pomyśleć, że w tych kwadratowych przedmiotach
spoczywa chwila z 1959.
Twarze, których już nie ma,
powietrze, które już nie istnieje.
Bo czas się mści
na tych, co zakłócają naturalny porządek rzeczy zatrzymując go,
Na fotografiach pojawiają się rysy, żółkną.
Nie są muzyką z przeszłości:
są łoskotem
walących się wewnętrznych ruin.
Nie są wersem, lecz trzaskiem
naszej nienaprawialnej kakofonii.

Autor: Ada Trzeciakowska

Ada Trzeciakowska (Polonia, 1977). Hispanista, traductora y creadora audiovisual. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Breslavia; Máster en Investigación avanzada en literatura española e hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, donde prepara su tesis doctoral dedicada al ensayo fílmico, género que practica como artista. En sus montajes pretende colisionar las capas visuales y textuales para hacer que surjan los significados latentes, con el método al que recurre el ensayo audiovisual. Trabaja con poemas y prosa poética. En paralelo, es autora del blog de traducciones de poesía adalirica.wordpress.com. Colabora con el portal literario mexicano Ablucionistas.com, con filmotecas, escribe reseñas, participa y conduce encuentros literarios.

4 comentarios en “José Emilio Pacheco”

    1. Muchas gracias por tu comentario y por rebloguear. He pensado que te podría gustar también este poema del mismo poeta.

      EL CASTILLO DE LOS CÁRPATOS.
      Un sueño realizado aquél de Verne
      en El castillo de las Cárpatos,
      novela que leí a los once años,
      cuando ignoraba la vejez, desde luego,
      y pensaba que los ancianos
      habían nacido así, eran de otro planeta,
      o quizá de otra especie,
      en modo alguno enemiga
      pero distinta, aparte, remota.

      Nada que ver con la novedad que yo era
      la promesa total que fui (como todo niño.)
      la infinita página en blanco
      donde la vida escribiría a traición
      su novela pésima, su absurdo melodrama
      su farsa abyecta.

      En larga transición me hundí velozmente
      en la decrepitud.
      (La madurez pasó sin tocarme.)
      Y no perdí la memoria
      de la muchacha muerta que ahora
      está más joven que nunca
      en el videoteip que se cae de viejo.

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