Rainer Maria Rilke

1875-1926, Austria

Trad. Jaime Ferrero Alemparte

Segunda elegía. Elegías de Duino (frag.)

Todo ángel es terrible (…) Si ahora avanzara el arcángel,
el peligroso, desde atrás de las estrellas, un solo paso,
que bajara y se acercara: el propio corazón, batiendo
alto, ¿nos mataría? ¿Quién es usted?
(…)
Porque nosotros, siempre que sentimos, nos evaporamos;
ay, nosotros nos exhalamos a nosotros mismos,
nos disipamos; de ascua en ascua soltamos un olor cada
vez más débil. Probablemente alguien nos diga: Sí,
entras en mi sangre; este cuarto, la primavera se llena
de ti…, ¿de qué sirve? Él no puede retenernos,
nos desvanecemos en él y en torno suyo.
Y aquellos que son hermosos, oh, ¿quién los retiene?
Incesantemente la apariencia llega y se va de sus
rostros. Como rocío de la hierba matinal se esfuma
de nosotros lo que es nuestro, como el calor
de un plato caliente. Oh, sonrisa ¿a dónde? Oh,
mirada a lo alto: nueva, cálida, fugitiva
ola del corazón; sin embargo, ay, somos eso. ¿Entonces
el firmamento, en el que nos disolvemos, sabe
a nosotros? ¿De veras los ángeles recapturan solamente
lo suyo, lo que han irradiado, o a veces, como
por descuido, hay algo nuestro en todo ello? ¿Estamos
tan entremezclados en sus facciones, como la vaga
expresión en los rostros de las mujeres preñadas?
Ellos no lo advierten en el torbellino de su regreso
a sí mismos. (¿Cómo habrían de advertirlo?).

¿Cambian de plumaje los ángeles en primavera? Foto propia.

Tłum. Mieczysław Jastrun

Druga elegia. Elegie Duinejskie (fragm.)

Każdy anioł przeraża (…)
Gdyby teraz archanioł, straszliwy, wyszedłszy zza gwiazd
o krok tylko ku naszej zniżył się stronie, w niebo –
wzbite zabiłoby nas własne serce. Kto jesteście?
(…)
Gdyż ogarnięci uczuciem spalamy się, ach, zawsze
ulatniamy się z naszych oddechem; od drwa płonącego do drwa
wydajemy woń coraz słabszą. A wtedy ktoś nam powiada:
tak, w krew moją wchodzisz, ten pokój, ta wiosna
napełnia się tobą… Daremnie, nas nie zatrzyma,
znikamy w nim, wokół niego. A ci, co są piękni,
o, któż ich zdoła powstrzymać? Nieustannie powstaje
pozór w ich twarzy i pierzcha. Jak z pierwszych traw rosa
ulatnia się z nas to wszystko, co nasze, jak żar
z gorącego pokarmu. O, uśmiech, dokąd? O, spojrzenie w górę:
nowa, ciepła, nadpływająca falo serca; – 
biada mi, jednak tym wszystkim jesteśmy. Czy przypadamy
do smaku wszechświatom, w których nikniemy? Czy aniołowie
przechwytują to tylko, co z nich jest, naprawdę, czy może
jakby z niedopatrzenia na w tym niekiedy swój udział
cząstka naszego bytu? Czyli jesteś tylko
tyle wmieszani w ich rysy, ile niepokój w twarze
brzemiennych kobiet? Nie widzą tego w chaosie
powrotu do siebie. (Jakże mieliby dostrzec).

Autor: Ada Trzeciakowska

Ada Trzeciakowska (Polonia, 1977). Hispanista, traductora y creadora audiovisual. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Breslavia; Máster en Investigación avanzada en literatura española e hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, donde prepara su tesis doctoral dedicada al ensayo fílmico, género que practica como artista. En sus montajes pretende colisionar las capas visuales y textuales para hacer que surjan los significados latentes, con el método al que recurre el ensayo audiovisual. Trabaja con poemas y prosa poética. En paralelo, es autora del blog de traducciones de poesía adalirica.wordpress.com. Colabora con el portal literario mexicano Ablucionistas.com, con filmotecas, escribe reseñas, participa y conduce encuentros literarios.

3 comentarios en “Rainer Maria Rilke”

  1. Siempre que releo esta primera elegía me acuerdo de una conversación con Clara Janés, en la cual le dije (inocente de mí) que ese ángel rilkeano me recordaba al ángel de la historia de Benjamin. Clara me contradijo inmediatamente con firmeza: en absoluto, dijo, ese ángel es el ángel de luz del sufismo islámico, aquel del que tan bien habla y lo describe Henry Corbin. Me alegra que te interese lo que escribo, si no es que este es un automatismo de WordPress. Un beso

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    1. Muchas gracias por comentar. Reconozco que a veces, por cansancio, hago lecturas someras seleccionado un poco el contenido, lo siento mucho. Sin embargo, ayer leí con interés sus observaciones sobre la invasión de los móviles, alienación y falta de empatía que causa estragos en los espacios compartidos.
      En cuanto a Rilke… Me resulta cercana su propuesta filosófica y creo que se resiste a interpretaciones que no sean oblicuas y abiertas 🙂 Gadamer, que como nadie, era consciente de la arbitrariedad de nuestras interpretaciones escribió en relación al ángel: “Rilke los llama ‘garantes de lo invisible’ (…) El ángel es, en realidad, sólo la conciencia de la imposibilidad de darnos alcance a nosotros mismos, ya que somos seres ‘metafísicos’ que nos trascendemos. Y, sin embargo, ni siquiera el ángel nos oye.” Alabar el mundo sería por tanto la vía para la trascendencia. Es complejo, por eso será mejor que evoque un poema de Zagajewski que guarda un vínculo profundo con Rilke (en mi opinión):

      Intenta alabar al mundo herido.
      Recuerda los largos días de junio,
      fresas silvestres, gotas rosadas de vino.
      Los hierbajos que metódicamente invadían
      las casas abandonadas de los desterrados.
      Debes alabar al mundo herido.
      Mirabas yates y barcos,
      uno de ellos tenía que emprender un largo viaje,
      al otro le aguardaba sólo la salobre nada.
      Veías refugiados caminar hacia ninguna parte,
      oías a los verdugos cantar
      alegremente.
      Deberías alabar al mundo herido.
      Recuerda aquellos momentos, en la habitación blanca,
      cuando estabais juntos y el visillo se movía.
      Vuelve con la mente al concierto, cuando estalló
      la música,
      Recogías bellotas en el parque en otoño
      y las hojas sobrevolaban girando las cicatrices de la tierra.
      Alaba al mundo herido
      y la pluma gris perdida por un mirlo,

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  2. Extraordinario el poema de Zagajewski. El mundo herido. Esperemos que ahora no lo esté de muerte, aunque lo parece. Respecto a las interpretaciones, eso es lo bueno del arte, que se crea dos veces: una por parte de su creador propiamente, y otra por parte del lector o del espectador cuando lo interpreta, de modo que la interpretación puede ser, incluso, cualquiera, aleatoria. Otro día le contaré una anécdota que me ocurrió con Juan José Arreola. Es curioso que se acuerde usted de Gadamet, a quien, por desgracia, nadie recuerda cuando se le pone al lado de Heidegger, Adorno o Wittgenstein. Un beso

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